Evelyn
De Morgan
Quién es la mujer de la píntura ?
Esta mujer no es una dama de la alta sociedad ni una amante trágica: es la personificación misma del Alma humana. Su rostro serio y su mirada no son melancolía romántica, es la paciencia y la sabiduría del espíritu que se sabe eterno.
El toque De Morgan:
Evelyn De Morgan estuvo profundamente influenciada por los Pre-Rafaelitas (especialmente por su tío Spencer Stanhope) y por los maestros del Renacimiento italiano. Por eso esos colores esmeralda y carmesí tan intensos nos engañaron. Pero el detalle de la geometría rígida de la celda , esa estructura tan matemática, es el sello absoluto de De Morgan, quien planeaba sus composiciones con una precisión casi arquitectónica. ¡Una genia total que merecía el crédito desde el primer segundo!
El verdadero (y profundo) significado: El Espiritismo
Acá es donde explota la cabeza. Sabiendo que es de De Morgan, el cuadro cambia un 180%. Evelyn y su esposo, el famoso ceramista William De Morgan, eran fervientes espiritistas. Para ellos, el mundo terrenal era solo una parada de paso.
La pintura es una alegoría espiritualista pura:
La celda de piedra no es una cárcel real: representa al cuerpo físico. Para los espiritistas de la época, el cuerpo humano es una tosca "armadura" o cáscara que aprisiona al alma.
El pergamino que sostiene no es una carta de amor, ¡es el registro de la vida material o una iluminación espiritual! Cuando se exhibió un estudio de esta obra en 1889, venía con una cita de San Agustín: "Ilumina, oh iluminada, mi alma ciega que se sienta en la oscuridad y en la sombra de la muerte".
La ventana al fondo muestra un cielo iluminado por el amanecer o el atardecer. Es la luz de las esferas espirituales superiores. El alma (la mujer) no está triste porque esté presa para siempre; mira hacia adelante, esperando pacientemente el momento de la muerte, que para De Morgan no era el fin, sino la liberación final hacia esa luz divina.
Las setas y los monstruos del banco cobran sentido: representan la descomposición, lo terrenal, lo monstruoso de la materia densa que está abajo, en el suelo, mientras que el alma busca elevarse.
Lo que ahora me vuela la cabeza
Sabiendo todo esto, lo que me vuela el cerebro es cómo Evelyn logró pintar la paz dentro del confinamiento. La mujer está descalza, tocando el frío suelo, rodeada de monstruos de madera y rejas pesadas, pero su rostro transmite una serenidad absoluta. Sabe que su prisión es temporal. Es una obra de arte que, en lugar de darte claustrofobia, te da una extraña sensación de esperanza metafísica.
Su
Origen: ¿De dónde viene y quién es?
Evelyn De Morgan nació en Londres, Inglaterra, el 30 de agosto de 1855, bajo el nombre de Mary Evelyn Pickering. Provenía de una familia de la clase alta victoriana: su padre, Percival Pickering, era un destacado abogado de la corona (QC), y su madre, Anna Maria Spencer Stanhope, pertenecía a una línea de terratenientes y nobles de Yorkshire.
A pesar de las rígidas expectativas de su clase social —donde su madre pretendía que fuera una dama presentada en sociedad y no una profesional—, Evelyn demostró una determinación inquebrantable desde chica. Educada en su casa en clásicos, ciencias y literatura junto a sus hermanos, a los 17 años dejó en claro su norte con una frase célebre en su diario: "El arte es eterno, pero la vida es corta... no tengo un momento que perder". Se convirtió en una de las primeras mujeres en ingresar a la prestigiosa Slade School of Art en 1873, donde ganó múltiples medallas compitiendo a la par de sus colegas hombres.
Su familia: Un verdadero clan de artistas
Evelyn no estaba sola en su gen artístico; el talento corría fuertemente por las venas de su entorno familiar:
Su tío materno (John Roddam Spencer Stanhope): Fue un pintor clave de la segunda generación del Pre-Rafaelismo y del movimiento Esteticista. Él fue el gran pilar de Evelyn, apoyando sus ambiciones profesionales cuando sus padres se oponían. Además, Evelyn solía visitarlo en Florencia, Italia, lo que la expuso directamente a la influencia del Renacimiento y de maestros como Botticelli.
Su prima hermana (Gertrude Spencer Stanhope): También rompió moldes en la época dedicándose a la escultura. De hecho, hizo su primer viaje independiente a Italia junto a Evelyn en 1875.
Su esposo (William De Morgan): En 1887, Evelyn se casó con William De Morgan, una de las figuras más importantes del movimiento Arts and Crafts en Inglaterra. William era un diseñador y artesano brillante, famoso por sus cerámicas, azulejos y esmaltes decorativos (además de convertirse en un novelista exitoso en su vejez). Formaron una pareja de iguales muy avanzada para la época: él apoyaba activamente el sufragio femenino y compartían la práctica del espiritismo, lo que definió por completo la madurez artística de Evelyn.
Evelyn terminó de consolidar su apellido de casada sosteniendo económicamente el taller de cerámica de su esposo con las ganancias de sus propios cuadros, algo completamente inusual para una mujer en el siglo XIX.
Entonces vamos por partes, destripando el arte propio de De Morgan:
El arte propio y las pinceladas: Técnica impecable y un medio "secreto"
Evelyn De Morgan no pintaba de forma impulsiva; era una dibujante de una disciplina feroz.
La técnica del "Hueso al Músculo": Antes de tocar el lienzo con óleo, hacía cientos de bocetos anatómicos en tiza y pastel. Dibujaba primero el esqueleto de la modelo, luego le añadía los músculos y finalmente la piel y el ropaje. Por eso, si mirás los brazos y el cuello de la mujer en el cuadro, la anatomía es perfecta, rígida pero real.
La pincelada y el "Glycerine Process": De Morgan experimentó con una técnica muy particular llamada Óleo con glicerina sobre lienzo. Al mezclar los pigmentos de alta calidad con glicerina, lograba que el óleo tardara más en secar, dándole un acabado extremadamente liso, casi satinado, similar a los frescos del Renacimiento italiano que tanto amaba. Sus pinceladas en los mantos son cortas, construyendo el volumen pliegue por pliegue, lo que le da esa caída tan pesada y real a la tela verde y roja. No vas a ver brochazos pastosos o "sucios"; todo está pulido con una precisión casi matemática.
Por
qué los pies sin calzado? El símbolo de la vulnerabilidad y la Tierra
El detalle de los pies descalzos apoyados directamente sobre las baldosas rojas es fundamental. En el arte místico y prerrafaelita, andar descalzo tiene tres lecturas brutales:
Vulnerabilidad y Despojo: El alma humana, al encarnar en este mundo terrenal (la prisión), está desprotegida, expuesta al "frío" de la materia densa. No tiene las armaduras ni los lujos del plano espiritual.
Contacto con la Tierra: Los pies tocan el suelo justo donde crecen las setas y están los monstruos tallados del banco. Representa que el espíritu está atrapado en lo más bajo, en lo mundano, obligado a pisar el fango de la realidad material antes de poder liberarse hacia el cielo que se ve por la ventana.
Santidad del Suelo: En la tradición bíblica y clásica, descalzarse significa pisar suelo sagrado o reconocer un espacio de revelación. El alma está en un proceso de purificación (de ahí su rostro sereno).
Datos de color (Esos detalles raros que
cambian todo)
El "Oro" Espiritual y el Alquimista Paracelso: Evelyn estaba obsesionada con los escritos del médico y alquimista del siglo XVI, Paracelso. Paracelso decía que el oro no era solo un metal, sino el color del orden espiritual más alto. En los bocetos preparatorios de esta obra, De Morgan molió pastillas de pigmento de oro real para pintar a la mujer. Aunque en el cuadro final usó óleos, el sutil brillo dorado en el cabello cobrizo y los destellos de la luz buscan reflejar esa "alquimia del alma" transformándose dentro de la oscuridad.
Las setas del suelo (Hongos alucinógenos o veneno): Si mirás abajo a la izquierda, hay pequeños hongos brotando del suelo de la celda. De Morgan los pintó a propósito. En la Inglaterra victoriana, los hongos en rincones oscuros simbolizaban la descomposición, la corrupción de la carne y lo efímero de la vida física. La carne se pudre, el alma no.
El misterio del pergamino: Como te contaba, la frase adjunta a los estudios de esta obra pertenece a San Agustín: "Ilumina, oh iluminada, mi alma ciega que se sienta en la oscuridad y en la sombra de la muerte". Lo loco es que la figura no lee el pergamino, te lo muestra a vos. Es una interpelación directa al espectador, recordándote que vos también estás en tu propia "cárcel" terrenal.
Un matrimonio de igualdad económica: Un dato de color sobre su vida es que las pinturas de Evelyn se vendían tan bien que con ese dinero mantuvo el costoso taller de cerámicas de su esposo, William De Morgan, cuando él estaba en bancarrota. En una época donde las mujeres no podían ni votar, ella era el motor económico y creativo de su casa.
Para complementar esta mirada analítica sobre cómo trabajaba Evelyn, veamos este análisis técnico sobre los materiales de Evelyn De Morgan que detalla de manera científica los pigmentos específicos que usaba (como los de la famosa casa Winsor & Newton) y cómo preparaba sus obras. Te va a encantar ver el nivel de laboratorio que tenía esta mujer para lograr esos colores eternos.
Si nos plantamos frente a la pintura con los ojos limpios, sin discursos académicos raros, lo primero que rescatamos es pura información de la naturaleza y del contraste:
1.
El contraste de lo efímero frente a lo eterno
Fijate en esto: la celda está hecha de bloques de piedra gigantes, macizos, diseñados para durar siglos. La madera del banco es pesada, dura. Todo ahí adentro habla de rigidez, de algo que no se mueve.
Y de repente, en el rincón más húmedo y sombrío, en el suelo frío, brotan esos honguitos. El hongo es lo opuesto a la piedra: sale de la noche a la mañana, es blando, húmedo y dura apenas unos días antes de desaparecer. Al ponerlos ahí, Evelyn nos está tirando una pista visual de la futilidad de la vida material. Todo lo que pertenece a este mundo físico (la carne, el cuerpo, las cosas tangibles) nace de la oscuridad, crece rápido y se deshace por completo, como un hongo. El alma, en cambio, permanece sentada, imperturbable.
2. La descomposición y "lo que no se ve"
En la simbología de la época victoriana, el hongo no era visto como algo simpático de bosque de hadas, sino como el signo de la putrefacción. ¿Dónde crecen los hongos? Donde hay encierro, donde no entra el sol, donde las cosas se están pudriendo.
Esa celda representa el mundo terrenal, y el suelo que pisa el alma está "corrupto". Es una forma muy sutil y brillante que usó la artista para decirnos: "Este lugar donde estamos atrapados es un lugar de decadencia física". La materia se descompone abajo, mientras la luz del verdadero espíritu busca la ventana arriba.
3. La paradoja de la vida que brota en el encierro
Pero si le buscamos la vuelta positiva (acordate de que ella era espiritista y no veía la muerte como algo malo, sino como una liberación), el hongo también representa vida que nace de lo muerto. Los hongos se alimentan de la materia orgánica descompuesta para generar nueva vida. En el rincón más oscuro y maldito de una prisión de piedra, la vida se las arregla para brotar. El alma humana hace lo mismo: incluso atrapada en el dolor, en el encierro o en las limitaciones de este mundo, encuentra la manera de florecer y mantener su pureza.
¡Qué
manera de meter un mensaje en cuatro pinceladas en una esquina!
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