miércoles, 27 de mayo de 2026

El Emperador que se convirtió en Trol

 

La vida, el mito y el nacimiento de Mortiis (y el Dungeon Synth)

Para entender la oscuridad más profunda del Litoral o los inviernos de Escandinavia, a veces hay que sacarle la máscara al monstruo. En el ambiente del Black Metal noruego de los años 90 hubo violencia, fuego y muerte; pero también hubo tipos que usaron el aislamiento para parir mitologías enteras desde el living de su casa.

​Hoy en Yerba y Mugre, desarmamos por completo la historia de Håvard Ellefsen, el pibe de pueblo que dejó una de las bandas más sagradas del metal extremo para encerrarse con un teclado barato, ponerse una nariz de látex y fundar un género musical entero: el Dungeon Synth.

​Agarrá el mate, sentate y metete en este viaje de barro, cintas de casete y fantasía oscura.

​1. El pibe de Notodden: Infancia de un "raro" de pueblo

​Antes de los colmillos, las orejas puntiagudas y el pegamento quirúrgico en la cara, existió Håvard Ellefsen. Nació el 25 de julio de 1975 en Notodden, un pueblo industrial chico y chato de la provincia de Telemark, Noruega. Si eras adolescente en Notodden en esa época y no te gustaba el fútbol, pescar en los fiordos o terminar trabajando en la fábrica del pueblo, estabas condenado a un embole existencial absoluto.

​Håvard creció en un hogar de clase trabajadora normal. No hubo infancias malditas ni sacrificios de gatos en el patio. Era, simplemente, un nene introvertido obsesionado con los cómics de terror, la literatura de fantasía y los monstruos. Mientras los otros chicos pateaban una pelota en el frío, él se quedaba en su pieza dibujando criaturas. Sus padres, lejos de censurarlo, le bancaban los gustos, sin saber que esa obsesión se iba a volver gigante.

​Al llegar al colegio secundario a principios de los 90, con la explosión mundial del Thrash y el Death Metal, Håvard adoptó el uniforme: pelo largo, campera de cuero astillada y remeras podridas. En un pueblo chico, eso te transformaba automáticamente en el blanco de todas las miradas. El colegio le importaba poco y nada; no por falta de seso, sino por desinterés total en el sistema. En las horas de clase, en lugar de prestar atención, se la pasaba escribiendo poemas oscuros y bocetando lo que años más tarde serían las letras de los himnos del metal.

​2. El click con Samoth y los cimientos de Emperor

​Como los metaleros en Notodden escaseaban, los pocos que había se juntaban por puro instinto de supervivencia. En las calles del pueblo, Håvard se cruzó con Tomas Haugen, un pibe un año mayor que él que tocaba la guitarra y que el mundo conocería después como Samoth.

​Hávard y Samoth se hicieron carne y uña intercambiando casetes piratas (el glorioso tape-trading por correo de la época). Escuchaban el Death Metal podrido que venía de Suecia y los primeros experimentos oscuros de Oslo. En 1991, Samoth y un joven prodigio llamado Ihsahn decidieron disolver su banda de Death Metal para armar algo más rápido, místico y satánico: Emperor. Como necesitaban un bajista que sintonizara la misma frecuencia mental, Samoth miró a su amigo de la infancia y le dijo: "Håvard, comprate un bajo y metete". Con solo 16 años, el pibe se mandó de cabeza.

​3. El cadete del "Inner Circle" en Oslo

​Con Emperor dando sus primeros pasos, el grupo se conectó con el núcleo duro del Black Metal noruego liderado por Euronymous, el guitarrista de Mayhem y dueño de la mítica disquería Helvete en Oslo.

​Håvard viajaba seguido a la capital, pero la realidad es que en 1992 era el "hermano menor" del grupo. Mientras Euronymous, Varg Vikernes y los más grandes planeaban la guerra ideológica contra el cristianismo, la quema de iglesias y se autoflagelaban en los sótanos, Håvard era un adolescente viviendo una película de terror real. Se quedaba en los rincones de la disquería empaquetando los discos que se mandaban por correo o leyendo libros de Tolkien.

​Aun así, su marca en Emperor fue fundamental. Él grabó el bajo y escribió de su puño y letra las letras de las canciones del demo de culto Wrath of the Tyrant (1992). Himnos eternos que hoy llenan estadios en el mundo, como "I Am the Black Wizards" o "Cosmic Keys to My Creations & Times", salieron de la cabeza de ese pibe de 17 años que odiaba el colegio.

​4. La ruptura y el exilio en el calabozo sueco

​Para 1993, el clima en el Black Metal noruego se había vuelto irrespirable. La violencia real, los arrestos y los egos explotaron. Håvard prefirió la fantasía épica, la literatura de monstruos y el misticismo antes que meterse a quemar iglesias por mandato de otros. Tuvo diferencias creativas con el núcleo duro y dejó Emperor justo antes de que el mundo conociera la banda por el disco In the Nightside Eclipse.

​Tras el asesinato de Euronymous a manos de Varg Vikernes, la policía noruega empezó a cazar a cualquiera que tuviera pelo largo y una remera negra. Para limpiar su cabeza, Håvard armó un bolso y se exilió en Halmstad, Suecia.

​Ahí empezó la etapa más austera y cruda de su vida. Solo, sin un mango, viviendo en una habitación minúscula que parecía un calabozo real, apenas le alcanzaba para pagar el alquiler y comer fideos comerciales. Extrañando sus bosques, su familia y su pueblo, decidió que no necesitaba una banda para expresarse. Agarró sus pocos ahorros, se compró un sintetizador/teclado de gama baja (un Casio o Roland viejo) y un grabador de casetes de cuatro canales.

​Para separar su aburrida y precaria vida humana de su arte, diseñó una máscara de látex con orejas puntiagudas y nariz alargada, inspirada en los troles de los cuentos tradicionales escandinavos y los orcos de Tolkien. Se puso encima túnicas medievales, mugre y sangre falsa. Había nacido Mortiis.

​5. El origen con lujo de detalles del Dungeon Synth

​Lo que Mortiis hizo en esa piecita de Suecia entre 1993 y 1999 (la famosa "Era 1" de su discografía) fundó un subgénero entero. Él no lo sabía, pero estaba inventando el Dungeon Synth (Música de Sintetizador de Calabozos).

​El caldo de cultivo: Las intros del Black Metal

​En los primeros años 90, bandas como Emperor, Satyricon o Burzum metían intros instrumentales hechas con teclados baratos en sus discos para generar un clima de castillo abandonado antes de que arrancaran los gritos. Mortiis agarró ese concepto y decidió que todo su proyecto iba a ser una eterna intro de teclado.

​Las reglas de oro de la "Era 1":

​Con discos legendarios como Født til å herske (1993) o Ånden som gjorde opprør (1994), Mortiis selló el manual del género:

​Minimalismo absoluto: Canciones larguísimas de 20 o 30 minutos basadas en la repetición hipnótica de tres o cuatro notas de teclado, simulando vientos, cuerdas artificiales y campanas medievales. Ideal para escuchar de noche tomando unos mates en el silencio.

​Estética Lo-Fi (Baja fidelidad): Al grabarse de forma casera en cintas de casete, la música tenía un siseo constante, un sonido sucio, rústico y opaco que le daba más realismo, como si fuera una cinta encontrada en las ruinas de una torre.

​El ambiente del Black Metal lo adoptó al toque. Aunque no había guitarras distorsionadas ni baterías furiosas, la música transmitía el mismo desprecio por la sociedad moderna, la misma soledad y el mismo aislamiento del monte.

​El otro pilar: Varg Vikernes tras las rejas

​El género terminó de consolidarse de la forma más extrema posible. Cuando Varg Vikernes (Burzum) fue condenado a 21 años de prisión por asesinato en 1993, la dirección de la cárcel le prohibió tener guitarras eléctricas o batería en su celda para no molestar. Lo único que le dejaron pasar fue un sintetizador.

​Encerrado entre cuatro paredes de piedra en un calabozo real, Vikernes grabó los discos ambientales de Burzum Dauði Baldrs (1997) y Hliðskjálf (1999). El mito se cerraba: era música hecha literalmente en el encierro, evocando la melancolía del pasado pagano.

​A raíz de esto, a mediados de los 90 se armó el "Club de los Sintetizadores" en el underground. Músicos pesados armaron proyectos paralelos para canalizar su amor por los juegos de rol (como Dungeons & Dragons), la literatura de Tolkien y los videojuegos antiguos de PC. Ahí salieron proyectos brutales como Wongraven (de Satyr, vocalista de Satyricon), Neptune Towers (de Fenriz, cerebro de Darkthrone, tirado a la ciencia ficción cósmica) o los alemanes de Depressive Silence.

​¿De dónde salió el nombre "Dungeon Synth"?

​En los 90, nadie usaba ese término. Mortiis lo llamaba Dark Dungeon Music o música ambiental. Recién en el año 2011, un fanático del género abrió un rincón en internet llamado Dungeon Synth Blog. El tipo unió las palabras "Dungeon" (por los calabozos, el rol y los castillos) y "Synth" (por los sintetizadores analógicos de vieja escuela). El nombre fue tan perfecto que el underground lo adoptó como la etiqueta oficial definitiva.

​6. La mutación industrial y el olor a látex

​Con la llegada de los años 2000, Håvard se cansó de la soledad del teclado. Se sacó las túnicas, se armó una banda completa, se vistió de cuero y tachas, y mutó hacia el Metal Industrial y el Rock Gótico. Discos como The Smell of Rain (2001) o The Grudge (2004) demostraron que el tipo tenía una cabeza brillante para meter sintetizadores furiosos y guitarras distorsionadas a lo Nine Inch Nails o Ministry, llegando a meter videos en MTV.

​Durante años, su compromiso con el personaje fue absoluto. El tipo hacía las entrevistas, los viajes en micro y los shows con la máscara pegada con pegamento quirúrgico. En las notas de prensa, con su clásico humor negro, seco y callejero, confesó que a mitad de las giras el olor a sudor acumulado, cerveza vieja y pintura dentro de la máscara era tan nauseabundo y putrefacto que ni él mismo se aguantaba, pero que el uniforme del metal no se negociaba por nada del mundo.

​7. El regreso del Viejo Lobo de los troles

​Hoy en día, Håvard Ellefsen es un tipo de lo más terrenal, maduro y accesible. Dejó atrás los fantasmas de los 90, volvió a vivir en Noruega y es padre de familia. Cuando se saca la máscara de látex, lleva una vida normal: cuida a sus hijos, pasea por los bosques de Notodden y colecciona vinilos viejos de rock de los 70 y 80.

​A veces, cuando le pinta la nostalgia, desempolva las prótesis, se calza la nariz de trol y sale de gira por el mundo a tocar los viejos casetes de los 90, recordándonos a todos que la verdadera pesadez no siempre necesita una guitarra eléctrica al palo para pudrirte la cabeza.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Las Amazonas

"LAS AMAZONAS" ( DIE AMAZONEN ) Karl Hassmann (c. 1910–1920) 1. EL AUTOR: ¿QUIÉN FUE KARL HASSMANN? Karl Hassmann (Viena, Austria...